Aprendí que fallar es una forma de saber cómo hacerlo de manera diferente a la próxima y que siempre hay una próxima para salir del círculo vicioso. Me deshabitué del hábito de explicarlo todo. Que todo lo malo de una persona no brota de los sobacos de la Maldad, que esas personas también son unas cositas blanditas escondidas en un armazón, que pretende ser de hierro. Aprendí que la Libertad es ser quien soy y no quien se espera que sea. Mastiqué que el sentir dolor es inevitable pero que sufrir es opcional. Digerí la necesidad de relacionarme de otra manera con mis pensamientos y emociones. Añadí a la carta que los chantajes emocionales no entran en el menú.

 

Qué leches me voy a ahogar yo en una piscina!!! Me voy a esnifar rayos de Sol y algún que otro mosquito y a oler los campos de flores, incluyendo los pesticidas. 41.472.000 minutos...eso es lo único que tienes, si eres afortunado de vivir hasta los 80 años. Y el reloj ya ha empezado.

ISABEL (43 años)